RETO MÓDULO 1

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La pandemia del virus COVID-19 ha sacudido completamente la vida en este planeta y no ha habido ámbito de la existencia que no haya sido afectado. En el aspecto económico su incidencia ha sido especialmente grave y significativa. En el caso concreto que nos interesa, la igualdad entre hombre y mujeres, los efectos de la crisis se han hecho sentir acentuando un problema que ya existía previamente: la brecha de género.

Esta brecha de género es la forma de denominar las desigualdades a nivel laboral y salarial en el mercado laboral español. La tasa de paro femenina, que ya era superior a la masculina antes del inicio de la pandemia (un 18% frente al 14%), ha visto como su incremento ha sido todavía superior durante la crisis pandémica (268.000 nuevas desempleadas frente a 194.000).

Más allá de las cifras económicas, a nivel personal me gustaría reflejar que esta pandemia ha puesto de manifiesto como ciertos puestos de trabajo están poco menos que encasillados. Me refiero al personal de limpieza y mantenimiento, que trabaja tanto en el sector público como privado y que ha soportado una enorme carga de trabajo durante esta crisis, además de estar en un alto grado de riesgo por las especiales características del peligro para salud que comporta su labor en estas circunstancias de riesgo sanitario.

Por mi propia experiencia, y supongo que también será la de muchos otros, existe una especie de corriente de pensamiento, una tradición, si queremos llamarla así, que asigna ese tipo de labores a las mujeres como algo natural. Son muchos los casos en que se da por sentado que si una mujer no puede estudiar o no es capaz de encontrar el trabajo que realmente desea o le gusta, siempre le queda el recurso de "ponerse a fregar escaleras". No recuerdo ningún caso en que estas palabras le hayan sido dirigidas a algún niño. Tenemos también el sexismo evidente en el diseño de juguetes, disfraces, etc, que van dirigidos al colectivo infantil. Y no se puede ignorar tampoco de dónde venimos y qué ejemplos hemos visto. Aunque ya hemos avanzado mucho, todavía las labores domésticas siguen siendo competencia exclusiva de las mujeres, en un porcentaje muy mayoritario, y parece evidente que para muchas niñas sea casi automático el trasladar lo que ven en sus casas al mundo laboral. Si desde muy pequeños a los niños se les hacen llegar esta clase de mensajes, eso queda grabado en su mente y se asume como algo natural.

No se me ocurre otra solución para acabar con esta clase de comportamientos que la educación. Y no me refiero solamente a formar desde la infancia, que es lo más básico y fundamental, evidentemente. No creo que haya que dar por perdidas a las personas que no recibieron esos conocimientos. De ese modo, con una formación integral y transversal, evitaremos que haya dos posiciones enfrentadas: los que han sido formados en la igualdad, y los que no. Opino que de esta forma fomentaremos una convivencia más constructiva para todos.


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