OPCION#1

Hemos de ser conscientes de nuestra posición dentro de la Administración Pública, sin separarnos de nuestra condición de ciudadanos del Estado. Esto se plasma en la responsabilidad de ejercer la representación de la Administración Pública, ocupando la parcela de poder que corresponda, y el deber de trabajar para satisfacer las necesidades de la población. Sería de necios no reconocer que actualmente son necesarias e imprescindibles medidas para seguir trabajando hacia la igualdad de género y la no discriminación. Sin embargo, lo que me preocupa especialmente es el hecho innegable de que existen sectores, fuerzas sociales o de opinión, por llamarlo de alguna manera, de marcado carácter reaccionario, retrógrado e inmovilista. El principio por el que se mueven es el de acción-reacción. Ante cualquier iniciativa o propuesta que se formule a favor de la igualdad y la no discriminación, la respuesta que se va a obtener desde cierta parte de la sociedad va a ser siempre la misma, una oposición frontal, una crítica destructiva y una nula colaboración y ningún ofrecimiento de alternativas.

Estos sectores se retroalimentan de tal modo que a mayor insistencia en formular propuestas y proyectos, mayor va a ser la oposición, más obtusos sus argumentos y mayores van a ser las descalificaciones que se lancen contra cualquier nueva medida. A nadie escapa que en la gran mayoría de los casos, todo esto se hace con motivos electoralistas, que los profesionales-vividores de la política utilizan como cebo para vender su mensaje, con el fin último de alcanzar el poder y mantenerse en él. Y muy especialmente grave me parece el eco mediático que hoy día se produce a través de la infinidad de medios de pseudo-información, digitales o no, y las inacabables redes sociales. Para colmo, y es un aspecto bastante grave, a nadie extraña que el poder judicial no es ajeno a esta corriente reaccionaria. Y como muestra, un pequeño ejemplo: https://www.publico.es/politica/comunidad-lgbtiq-juez-ordena-retirar-pancarta-lgtbiq-balcon-ayuntamiento-zaragoza.html

Es por ello que mi inquietud se basa en cuál es el camino correcto, de qué manera se puede mover la sociedad para lograr la igualdad, y que al hacerlo no se sacuda ese avispero reaccionario, avivado por las cavernas mediáticas. Hay que dar pasos, sin ninguna duda, pero tenemos que procurar darlos entre todos. No puede ser que a cada iniciativa le siga una respuesta movida por el odio y el rencor. No quieren ser estas palabras una llamada al inmovilismo o a seguir anclados en el silencio. Por supuesto que no lo son. Las reivindicaciones son necesarias, deben tener su espacio y ser puestas en conocimiento del dominio público. Nadie debe esconderse y es necesario luchar por corregir todas las injusticias. Pero siendo un asunto tan decisivo y crucial, se hace imprescindible llevarlo a cabo de manera correcta, implicando a toda la sociedad y no creando bandos enfrentados.

Lo que me cuestiono es la forma de llevarlas a cabo, de manera que no sea un pretexto para provocar una reacción airada y desproporcionada por parte de las fuerzas retrógradas de la sociedad y de los medios de comunicación, que se aprovechan para obtener cuota de mercado y a los que lo único que les importa es hacer negocio, da igual que sea a costa de las víctimas de la violencia machista, homofobia, acoso, etc.

No tengo nada en contra del lenguaje inclusivo. Sin embargo soy de la opinión de que hay que buscar más allá de las palabras. No basta con hacer gestos de cara a la galería. Da igual todas las normas de redacción de escritos oficiales, reglas de estilo, etc. Todo eso se queda en papel mojado si a la hora de la verdad no se refleja en un cambio de actitud. Podemos gastar mucha tinta es escribir “compañeros y compañeras”, “trabajadores y trabajadoras”, “diputados y diputadas”, “miembros-miembras-miembres”, “chico-chica-chique” … Todo eso no vale para nada si en último extremo las mujeres siguen cobrando menos por hacer el mismo trabajo. Como señalaba antes, por el principio de acción-reacción a cada nueva iniciativa, y cuanta más publicidad reciba peor, le va a seguir una réplica de los sectores  alimentada por los vividores de la política y jaleada por los tabloides y medios de pseudoinformación.

Más educación desde la base y menos política. Creo que vale mucho más una buena acción y una buena actitud que todas las declaraciones institucionales, días mundiales de…, homenajes, banderas, desfiles, etc. Todo eso no hace que las nóminas se equiparen a fin de mes. Creo que solamente sirve para echar carnaza a las tertulias televisivas y para jalear el gallinero parlamentario en el que se han convertido las Cortes Generales.

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